
Después de dos artículos de lo más poco formales y serios, hoy toca hablar de algo relacionado directamente con mis estudios: la poesía en la Edad de Oro.
Como muchos ya habréis visto, en mis ratos de "inspiración" me dedico a escribir versos. A veces es lo primero que se me pasa por la mente, otras veces pienso bastante lo que voy a poner, por poco real que parezca, a veces es difícil encontrar la palabra que encaje en según qué verso de la poesía.
Os pondré una poesía del Renacimiento y otra del Barroco:
Hermosas ninfas, que en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;
agora estéis labrando embebescidas,
o tejiendo las telas delicadas;
agora unas con otras apartadas,
contándonos los amores y las vidas,
dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando;
que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.
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Unos ojos bellos
adoro, madre;
téngolos ausentes,
verélos tarde.
Unos ojos bellos,
que son de paloma,
donde amor se asoma
a dar vida en ellos;
no hay, madre, sin vellos,
bien que no me falte.
Tengólos ausentes,
verélos tarde.
Son dignos de amar,
pues podéis creer,
que no hay más que ver
ni que desear;
hícelos llorar,
y llorar me hacen.
Tengólos ausentes,
verélos tarde.
No sé qué me vi
cuando los miré,
que en ellos me hallé
y en mí me perdí.
Ya no vivo en mí,
sino en ellos, madre.
