"Ana se excusó otra vez; tenía que hacer. Saludó con graciosa sonrisa y siguió
adelante. Un momento se habían encontrado sus ojos con los de Mesía, pero no se habían
turbado ni escondido como otras veces; le habían mirado distraídos, sin que ella procurase
evitar el contacto de aquellas pupilas cargadas de lascivia y de amor propio irritado,
confundido con el deseo."
"A don Fermín no le importaba mucho lo que dijeran, pero quería saber lo que se
murmuraba y a dónde llegaban las injurias."
Estos son trozos de la famosa obra de Leopoldo Alaas "Clarín", La Regenta. Debo decir que no sé si fue desde ésta o desde Yerma cuando empezó mi devoción por Aitana Sánchez-Gijón. La adaptación que hicieron de la obra no sé si es fiel al texto -siempre me fié-, por eso debo leerlo. Lo tengo en mi lista mental pero hoy me lo han pintado de tal manera que me ha cautivado, tengo una necesidad tremenda de leerlo, será otra manera de evadirme de las barbaridades que me quitan el sueño. Me explicaban anécdotas del libro y veía escenas de la película; ¡se me ponía la piel de gallina! Esas correspondencias tienen un nombre que no logro recordar y me gustaría que lo hicieran ustedes por mí. Es una figura retórica.
He estado mirando fragmentos sueltos por mi propia cuenta y parece ser que me está enganchando... si logro empezarla y acabarla hasta la última letra, será mi segunda obra que habré leído completa de más de 500 páginas, un récord para mi trayectoria intelectual como filóloga.
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