Aquel día en la biblioteca nos conocimos, nos miramos a los ojos, empezamos a sonreír como tontos y, tan directo al corazón como la flecha de tu horóscopo, me encapriché pérdidamente de ti.
Eres aquel libro abierto que, a veces algo me aburre, porque no me interesa en absoluto lo que pasa en el mundo, pero sí me lo que sale de tu cálida y grave voz.
Fueron muchos, demasiados los momentos en los que cruzamos miradas y abrazos... no sé si pícaros o no, pero me a mí me hacía daño verte y no poder alcanzarte; nunca pude suplicarte al oído que me gustabas, y quería besarte siempre que nos veíamos. Una vez, ¿por accidente? Me diste un beso en mi comisura izquierda de los labios y ese día fue el mejor de mi vida. Fue lo más cerca que tuve tu boca cerca de la mía, y con eso me iré al otro mundo, sin haber podido establecer un contacto húmedo entre tu boca y la mía.
Nunca me lancé, porque sabía que sería el mayor error de mi vida y me hubiera arrepentido siempre cuando tú me hubieras rechazado, como aquella vez en la playa... Que me puse a darte un simple masaje, y en algún momento donde casi podía conseguir un roce más tuyo, paraste mi ilusión de nuevo.
Estás más que perdonado, somos totalmente incompatibles, pero el día que aparezca otro nórdico, no lo voy a dejar escapar y voy a intentar lo imposible para que enfríe este cuerpo lleno de inseguridades, fuego, pasión y tristeza.
T'estimo sempre, amic. Estic boja. No em facis gaire cas.
Buenas noches mi amor imposible, nunca te olvidaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario