miércoles, 5 de agosto de 2026

Japón onírico.

    Me encontraba en un autobús, con mi gata en brazos. No sé adónde íbamos. Me sentía perdida. Por alguna razón que no recuerdo, me encuentro en Japón, adentro de un autobús sin ruta. De repente, bajo en un lugar descampado, de esos donde hay un puente, y justo debajo de ese largo puente seguimos juntas, buscando a alguien con quién hablar, para preguntarle adónde estamos mi gata en mis brazos y yo, solas, en un país que, sin conocer ni una pizca del idioma, tengo que sí o sí comunicarme en el poco inglés que sé.

    De repente, nos encontramos en lo alto de este puente, en una plataforma como de terrado de alguna casa, pero no habían casas. Era una simple superficie que cuando la pisabas, era de color teja.

    Minutos más tarde, me encuentro en una acera al lado de un hostal, entramos y salimos, no nos gusta; notamos algo raro que no nos convence, siempre con mi gata en brazos; vemos afuera en la acera unas personas hablando español, les pregunto algo y me dicen sí, coja el autobús X o Y (unos números que no recuerdo) y ya estamos en otro autobús, pensando que llegaríamos a alguna parte fija, donde poder aposentarnos, sea hotel u hostal, lo que fuere. Dejo a mi gata un momento en un asiento y me dirijo a preguntarle algo al conductor en inglés, me afirma que sí con la cabeza. No media ni una sola palabra.

    Nos bajamos donde nos parece, y estamos en otro lugar sin nadie, lleno de autopistas y carreteras que no sabemos adónde llevan. Vuelvo a subir a otro autobús y me bajo en el lugar que subí último, donde hablé con aquellas personas antes, y esta vez sin mi gata, ¿adónde está? ¡Qué ha pasado! ¡Quién se la ha llevado! ¿Me la he olvidado en algún lugar? ¡Nooooooo! 
    

    Empiezo a recobrar la consciencia...

    Y despierto. Empiezo a volver en sí. Al rato, viene mi gata a saludarme, lloro y le digo mentalmente que la quiero.